Anoche descubrimos Clarete y todavía seguimos pensando en la vibra de ese sitio. Tiene esa mezcla perfecta entre bar de vinos naturales, luces bajas, música buena y mesas donde todo el mundo parece estar teniendo una cita increíble. De esos lugares que hacen que Barcelona se sienta más bonita. La atmósfera es LO MEJOR: cálida, sexy, viva, con muchísimo rollo.
Pedimos ostras, una gilda brutal, huevos rellenos, chicharrón y un finísimo de entrecotte con salsa París que estaba espectacular. Pero el muffin de lengua… ufffff nos encanto. De esos platos que se te quedan en la cabeza días después. Y acompañado de vinos naturales bien elegidos por La Natural, todo tiene aún más sentido.