Hay bocatas, y luego están los Po’Boys. Ese bocado generoso, caliente, crujiente y sin complejos que nació en las calles de Nueva Orleans y que, por fin, ha encontrado su hogar madrileño en Gulah. Un lugar donde el pan se honra, las salsas no se escatiman y comer con las manos no es una opción, es la norma.
El responsable de este golpe de efecto es Jesús González Espartero, que tras un viaje revelador a la ciudad del jazz, decidió traerse bajo el brazo uno de sus secretos mejor guardados: el Po’Boy. En Gulah, este bocata callejero se sirve con pan exclusivo (entre brioche y baguette) y se rellena con combinaciones que mezclan lo mejor de allá con sabores de aquí.
La carta arranca fuerte. Está el Toroloco, con rabo de toro guisado durante 24 horas, guacamole y cebolla encurtida. El Chicken Run, de pollo frito, coles y mayonesa picante. O el Mr. Pinzas, con cangrejo al estilo NOLA y salsa dijonesa. Para los que echan de menos lo castizo: el Chulapoh Boy, con calamares y mayonesa de lima. Y para los veggies, el Voodoo Veggie: seta ostra crujiente, tomate, lechuga y remoulade con carácter.
Todo en Gulah es finger food bien hecho. Platos pensados para compartir, mojar y chuparse los dedos sin vergüenza. Entre los entrantes, los Chili Cheese Bites (jalapeños rellenos de cheddar), las Alitas del Infierno (spoiler: pican, y mucho), los Chicken Churros con sirope de arce, o las Patachorras, una mezcla golfa de patatas con cheddar y tierra de chistorra. También hay Mac & Cheese, aros de cebolla, nachos caseros, y minibrioches como el Philly Cheese Steak o el Smoky Salmon.
Llega el momento de los postres y aquí no podían faltar algunos de los clásicos. Brownie de mantequilla tostada, banana split versión ‘funky’ o tartas caseras que cierran el menú como debe ser.
En cuanto al local, Gulah no es una bocatería cualquiera. Su interior, diseñado por Néstor Marcos Architecture, evoca el barrio francés de Nueva Orleans con vegetación, ladrillo visto, barra protagonista, colores intensos y un punto industrial.
Sin duda, en una ciudad donde lo gourmet y lo callejero conviven cada vez mejor, Gulah aterriza para recordarnos que un buen bocata puede ser todo un plan. De los que no fallan. De los que vuelves. Y de los que siempre te dejan con ganas de otro más.



Dirección: Calle de Arturo Soria, 198. 28043 Madrid
Horario: de lunes a viernes de 10:00 a 24:00 horas; sábados y domingos de 13:00 a 24:00 horas
Precio medio: 20€
Texto: Elena R. Feijóo
Fotos: Cedidas por el restaurante