En Madrid todavía quedan lugares capaces de sorprender. Restaurantes que parecen estar lejos de todo, aunque en realidad estén a pocos minutos del centro. Urruti Madrid es uno de ellos.
Escondido dentro del Campus Acciona, en un entorno rodeado de árboles y con huerto propio a los pies del restaurante, este nuevo proyecto del chef Carlos Urruticoetxea propone una cocina que mira directamente a la tierra y al mar. Un lugar donde el producto manda y donde el ritmo lo marcan el mercado y las estaciones.
El nombre no es casual. Urruti significa “lejos” en euskera. Y, de alguna manera, eso es exactamente lo que se siente al llegar: la sensación de haber salido de la ciudad sin haber abandonado Madrid.
La filosofía del restaurante gira en torno a una idea sencilla: respeto absoluto por la materia prima. El huerto situado junto al restaurante abastece parte de la cocina y marca el ritmo de una carta breve que raramente supera los quince platos. Una propuesta pensada para cambiar a diario según lo que den la tierra y la lonja.
Entre los primeros bocados aparecen clásicos con sabor atlántico como anchoas sobadas, erizos o mejillones tigre. Después llegan platos que hablan directamente del estilo de Urruticoetxea: sopa de pescado, pimiento cristal al pilpil o delicias como los guisantes lágrima o las alcachofas. Y, por supuesto, el pescado según lonja, que cambia en función del mercado. Para terminar, postres sencillos y muy ligados al territorio: queso, miel y nueces o chocolate con espelette y castaña.
El espacio acompaña perfectamente la filosofía del proyecto. El comedor, de unos cien metros cuadrados y capacidad para cuarenta personas, está rodeado de grandes ventanales que miran directamente al paisaje del campus y a los huertos. La luz natural entra a raudales y refuerza esa sensación de desconexión que define la experiencia. Urruti Madrid solo abre de lunes a viernes en horario de comidas, una decisión pensada para disfrutar del restaurante sin prisas. Desde quien quiere una comida rápida pero con buen producto, hasta quien decide quedarse y alargar la sobremesa.
La propuesta líquida sigue la misma filosofía que la cocina. La bodega reúne alrededor de cien referencias, principalmente de inspiración peninsular, con vinos frescos, de poca estructura y buena acidez. Muchos proceden de pequeños productores que trabajan de forma coherente con su entorno.
Si algo busca Urruti es precisamente eso: volver a una cocina pausada, conectada con el origen y con el placer de sentarse a la mesa. Un pequeño refugio gastronómico donde el producto, el paisaje y el tiempo vuelven a ocupar el lugar que merecen.


Dirección: Gran Vía de Hortaleza 46S, 28033 Madrid
Horario: De lunes a viernes de 13:30 a 16:00 horas. Sábados y domingos cerrado.
Precio medio: 50€
Texto y fotos: Elena R. Feijóo